...Lea este hermoso cuento de Navidad.
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...Lea este hermoso cuento de Navidad.
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Era todavía el veintitrés de diciembre cuando la bicicleta, cargada de juguetes, estaba ya esperando y el viejo Papá Noel se encontraba dispuesto a emprender el viaje.
-Su nombre es Ricardo -decía al ponerse los guantes- y no cree en Papá Noel.
El criado que sostenía la bicicleta lanzó una sonora carcajada, y el hombre de la luna, que estaba atisbando detrás de la montaña, sonreía francamente.
Papá Noel había abandonado sus renos; parecíale que debía seguir la marcha de los tiempos y los renos eran ya cosa fuera de moda; por su parte, éstos no velan con gusto que se les arrinconara, creyéndose dignos de ser tratados con mayor respeto y consideración. Después de haber servido bien y fielmente a un amo durante tantos centenares de años, era realmente poco agradable para los nobles animales el verse tratados de tal manera, y antojábaseles que no estaba del todo puesto en razón semejante proceder.
Sin embargo, nada podían hacer; lo cierto era que Papá Noel había comprado una bicicleta y que los renos iban a quedarse en casa.
-Tengo un plan, un plan magnífico –dijo Papá Noel al montar en la bicicleta.- No tardaré mucho en ponerlo en práctica.
Y se puso a correr por el camino. Franqueó montañas y dobló encrucijadas, diciendo mientras tanto para sí:
-Ricardo, tengo que hablar contigo. No puedo permitir que digas a otros niños que guarden golosinas y frutas para llenarse de ellas unos a otros las medias, porque en realidad no existe Papá Noel. Ricardo, querido amiguito, esto no puede ser.
Saltó de la bicicleta sin detener su carrera, se envolvió en su holgado manto, cargose el pesado saco sobre los hombros y trepó por la pared de una casa hasta la chimenea, tan fácilmente como
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