...Con el Colo Colo fue subcampeón de la Copa Sudamericana en el 2006, año en el que marcó 40 goles en 63 partidos. Tras su paso por el Ñublense de Segunda y equipos de Tercera, Chupete brilló en el Audax Italiano en el 2004.
Suazo dio sus primeros pa
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...Con el Colo Colo fue subcampeón de la Copa Sudamericana en el 2006, año en el que marcó 40 goles en 63 partidos. Tras su paso por el Ñublense de Segunda y equipos de Tercera, Chupete brilló en el Audax Italiano en el 2004.
Suazo dio sus primeros pa
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"Me porté mal. Católica me dio todas las opciones y yo estaba muy inmaduro. Si no llegué a ser profesional antes, es mi responsabilidad y lo asumo", recordó alguna vez Humberto Suazo desde la idolatría que por entonces gozaba en Colo Colo en el 2006.
Aquel gesto cargado de autocrítica y revancha fue apenas un acto reflejo del saludable estado emocional que disfrutaba Suazo en la vida y en la cancha.
Siempre ha sido un jugador sin punto medio ni arrepentimientos y cuyo pendular comportamiento, para bien o para mal, lo orilló a caer permanentemente en decisiones arbitrarias.
Suazo es un estado de ánimo. Su humor, como su gambeta, es impredecible. Nada ha cambiado desde su primer desplante a la Universidad Católica en el 2000, club que lo reclutó en 1993 en su adolescencia, tras elegirlo entre 200 aspirantes.
Trazando una parábola Católica-Rayados, el chileno sólo ha corregido su puntería. Su rebeldía la trae intacta. El expediente futbolístico de Suazo está repleto de goles y caprichos, de gloria y de problemas personales.
Siempre tuvo un motivo para romper reglas e imponer las suyas. A como dé lugar.
PSICÓLOGOS SE RINDEN
En la Católica, club de fuerte tradición religiosa, sus actos de indisciplina sentenciaron su partida.
Durante sus seis años en las Fuerzas Básicas del club de Santiago, Suazo llenó el formulario de viajes no autorizados a su San Antonio natal.
Una mesa de psicólogos no fue suficiente para enderezarlo. La Católica destinó un grupo de cuatro profesionales para estudiar e intentar mejorar la personalidad de Suazo.
Le dieron clases para una mejor expresión y buenos modales, pero no quiso aprender.
"Como estaba obligado a tomar las clases, no le gustó. Iba y se negaba. Al final, los especialistas se rindieron", refiere
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